Ramona Cruz Sanabria y el derecho a vivir en paz
Ramona. Foto: Pichón Duarte
El mar se iba confundiendo con el azul del cielo mientras bajábamos la cuesta. El fotógrafo Pichón Duarte bajaba la velocidad de la pick up para contemplar la belleza. Sin embargo, nuestro paisaje se vio interrumpido por la tala de monte de una máquina estacionada. Troncos, grama y tierra quedaban enrolladas en una sola masa uniforme. Primero hacen de la montaña un pedregal y luego aplanan el suelo. Eventualmente se establecerá el cemento con portones de metal al frente y piscinas con vistas al mar en las terrazas. Lo sé porque eso es parte de lo que se sigue sembrando sobre pedazos del karso en el barrio Playuela y en el resto de Puerto Rico. Casas lujosas y más estructuras en desarrollo.
Seguimos nuestro camino hacia la playa El Manglito y nos estacionamos bajo una ceiba majestuosa cuyas raíces se manifiestan sobre la grama a lo largo del paisaje. La sombra del árbol no nos cobijó y el calor nos azotó. A veces se escucha el golpe de las olas sobre las piedras a lo lejos. Pero esa vez lo que poblaba el silencio era la máquina de cortar grama que un hombre pasaba tranquilamente. Arriba del karso, el balcón de una casa lujosa. Pensé que la vista desde ahí debía ser imponente. Volví a contemplar todo el paisaje. Esta playa siempre me recibe bien los días que puedo escaparme para un chapuzón. Los residentes de esta zona han desarrollado un espacio amable para que las familias puedan acampar. Grama siempre recién cortada y varias palmas para la sombra en los días más calurosos. Pasan barbacoas, campamentos y hasta cumpleaños para toda la familia. El hombre apagó la máquina de cortar grama para saludarnos. “Qué calor”, nos dijo mientras sonreía. El mar se apoderó del silencio del día. Algunos pájaros se escuchaban en los árboles. Caminamos hacia la casa de Ramona Cruz Sanabria con el sol acompañándonos.
Pichón Duarte se refugió en la sombra y le tomó fotos a la casa de paredes blancas, cristales y metales que parecía antagonizar la casita de color amarillo y rojo que tenía de frente. Arriba de esa casa hay dos mansiones construidas sobre el karso y otra en proceso de construcción. Algunas son residencias vacacionales con vistas al mar. Antes de llegar a este lugar, leí unos anuncios de publicidad en Internet del presidente de la compañía Playa India SE, Víctor Añeses, quien promocionaba la disponibilidad de lotes residenciales, algunos con permisos, cercanía a las costas y las playas más visitadas con acceso y vista a la bahía de Aguadilla, “en medio de los atardeceres más espectaculares”. También ofrecía acceso al arrecife “El natural", a la playa “El Manglito” y “Gas Chambers” así como se destacaban la cercanía del aeropuerto, restaurantes y campos de golf. Las fotografías promocionales completaban el anuncio: Aguadilla (y Puerto Rico) al disfrute de las visitas. Pichón terminó de tomar fotos y seguimos nuestro camino hacia aquella casita amarilla de madera.
Los pescadores estacionan sus botes en el Paseo Real Marina. Pelícano Pardo. Foto por Francisco Félix
Unos perritos nos recibieron alborotados. Contemplé el vaivén de las olas en lo que Ramona salía de su casa. Las gallinas hacían su trabajo por toda la tierra. Había una caseta de acampar bajo un árbol. Más adelante supimos que ahí había estado el ambientalista Tito Kayak acompañando a esta familia durante semanas. Sobre la tierra se siente la armonía cuando se vive en conversación con la naturaleza. La flora y fauna que contrasta con el cemento y el acero. Esa tranquilidad de que el mar no irá a ninguna parte. Bajo el lindo balcón, Ramona y su esposo salieron a recibirnos. Doña Ramona caminó de la puerta de su casa al patio para darnos la mano. Nosotros ya oprimidos por el calor, nos presentamos y buscamos donde conversar tranquilamente. Los perros continuaban su algarabía, menos uno que, aparentemente, era el elegido para acompañarnos. Tenía tres patas y buscaba cada planta de su tamaño para marcar el territorio. Una guinea se nos unió. Parecía acostumbrada a la presencia de la gente. Ramona le dijo dos o tres palabras y la guinea no volvió a pronunciar sonido y siguió con sus tareas terrenales. Quise presentarme con familiaridad, diciéndole que mi amiga la había visitado hace poco, pero ella respondió que la había visitado tanta gente últimamente que era improbable que la recordara.
¿Qué son 140 años contemplados frente al mar? ¿Cuántas historias pernoctan en la costa? ¿Sobre la memoria? Las arrugas en nuestra piel son un privilegio, es la evidencia de la supervivencia, de la experiencia y la lucidez. Los años acumulados se expresan por la paciencia, la sonrisa y la entereza. Eso y más se debe necesitar para perdurar la batalla legal que lleva Ramona desde hace más de 30 años. Setenta y seis años viviendo frente al mar, rodeada de amor, la naturaleza y su familia, pero también de violencias sistemáticas. Setenta y seis años amenazados, como tantas personas en Puerto Rico, por el interés económico y el poder adquisitivo de unos pocos y la desidia de un gobierno que está supuesto a velar por nuestro bienestar. Por más de 140 años, la familia de Ramona ha vivido sobre esta tierra en el barrio Playuela.
Pelícano Pardo. Foto por Francisco Félix
Un suelo obligado a la magia de la costa y los atardeceres. Todavía quedan algunos vecinos junto al hogar de Ramona y su familia. El dueño original de esa tierra era un hacendado estadounidense que dejó que el abuelo de Ramona, Avelino Cruz Arroyo, construyera una casita en ese paraíso del que la quieren desalojar ahora. Ahí fue que su abuelo construyó un hogar y formó una familia. Sobre esa misma tierra, su nieta, doña Ramona Cruz Sanabria, creció junto a sus diez hermanos. Durante nuestra visita nos contó sobre sus aventuras encima de las piedras, alrededor de los árboles y sobre el mar. Entre algunos recuerdos, habló de cómo su papá una vez se perdió por tres días en una lancha buscando alimento para su familia.
“Yo era como un pichón”, nos dijo con alegría, “me movía por ahí todo el día, para arriba y para abajo. Más bien parecía un pescaíto porque yo nadaba mucho y cogía mucho sol”. Nos narró cómo nadaba desde Playa India hasta Crash Boat. “Ahora mis pies y mi piel no aguantarían este sol, pero yo todavía soy feliz, me levanto y puedo ver el mar desde el primer momento que abro mi ventana”. Pensé que debe ser una bonita costumbre ver la luz sobre el agua al levantarse en la mañana.
Ramona se convirtió en madre, crió a sus hijos y se sigue encargando de su familia hasta el momento. Tiene cuarenta nietos y tataranietos. Vive con su esposo y sus tres hermanos. No tienen otro lugar a dónde ir y es donde siempre estarán, nos confirmó la mujer con mucha seguridad. Ella ha visto toda la transformación de ese lugar que le servía de escondite y refugio, donde su familia hacía comidas al leño y buscaba agua de un pozo. Nos dijo que había de todo: árboles de corazones, guanábanas, mangos, anones, almendras. “Todo esto ha sido mi vida desde mi niñez” nos dijo. Rodeada por flora y fauna, la mujer se levanta todos los días junto a su familia a habitar la tierra que les pertenece. Toda una vida contemplando la costa, sus bondades y sus inclemencias. La marejada es una compañera fiel. Su historia es un ejemplo del derecho a vivir en paz y en armonía con la naturaleza.
Rodeada por el salitre, a fuerza de naturaleza, a fuerza de mujer y madre, la señora Ramona sigue acompañada por la costa, por su familia, y ahora por el pueblo de Puerto Rico. El pequeño terreno de doña Ramona goza de la sombra de unos flamboyanes sembrados por su familia y ella. Las palmas, el arrullo de las olas y una vista eterna al mar son procurados por grupos de inversionistas y desarrolladores, como la corporación Playa India S.E., la cual busca vender terrenos en el área de Playuela para el desarrollo turístico. Algo que lleva ocurriendo hace tiempo pero que se ha acelerado luego del paso del huracán María en el 2017, la pandemia y la continua llegada de beneficiarios de la Ley 22. Los terrenos con geografías paradisíacas son presas de personas con poder adquisitivo e influencias políticas. Muchas casas están habitadas por el abandono o por gente mayor que, muchas veces, viven solas. Personas vulnerables al engaño y a la expropiación de sus casas y terrenos. El caso de Ramona es el caso de muchas personas de comunidades marginalizadas en Puerto Rico. Al igual que el acceso a la playa y a nuestros recursos naturales, nuestro derecho a la vivienda se ha convertido en un privilegio cada vez menos accesible. Ramona es una mujer fuerte, ágil y con buen sentido del humor. Ella encarna esa dualidad entre la esperanza y la derrota, la primera que aparece como inevitable por el apoyo recibido de la comunidad puertorriqueña y la segunda, producto de la espera por la sentencia de un tribunal.
Pescador prepara sus artes junto a un pelícano. Janguean juntos por las carnadas. Parque Colón, Aguadilla. Foto por Francisco Félix
Los desahucios en Puerto Rico siempre han ocurrido. Estas prácticas están sustentadas por marcos legales y razonamientos económicos particulares, sea de sectores privados o el gobierno. Recordemos el asesinato de Adolfina Villanueva Osorio en su casa en el pueblo de Loíza el 6 de febrero de 1980 por parte de la policía de Puerto Rico y los desalojos del 18 de mayo de 1982 a los residentes de los terrenos de la Finca La Dolores de Río Grande, mejor conocida como Villa Sin Miedo. Ambas tragedias tenían como protagonistas comunidades y personas que buscaban donde vivir dignamente. Sin embargo, sus necesidades de vivienda chocaban con intereses económicos o políticos. Siempre parece que los asuntos legales se superponen a los derechos humanos. Al derecho a tener un techo, por ejemplo. La crisis de vivienda es algo innegable. Ya sea por la fijación de estructuras vacacionales, o el desarrollo de terrenos, la velocidad y la violencia del desplazamiento de las personas que viven en Puerto Rico se ha disparado en los últimos años. El gobierno ha fracasado en encontrar un balance entre el enfoque de Puerto Rico como destino turístico y el derecho básico a vivienda y las necesidades de los que vivimos en este archipiélago.
Según algunos hallazgos en un informe publicado este año por la organización El Enjambre comisionada por el Hispanic Federation, los impactos negativos de los arrendamientos a corto plazo son mayores a los beneficios. Este informe estuvo dirigido a “examinar los efectos de los alquileres a corto plazo sobre las comunidades, sobre la disponibilidad y asequibilidad de la vivienda con el fin de promover políticas públicas que atiendan los impactos negativos y auscultar la posición de distintos sectores y grupos de interés sobre este asunto”. Entre los resultados, se encontraron el encarecimiento del costo de vivienda y el acaparamiento de inmuebles que causa retos para conseguir vivienda asequible para comprar o alquilar, la destrucción de áreas de alto valor ecológico como manglares, la construcción de muelles sin los debidos permisos, así como la limitación al acceso a los bienes públicos, como las playas. El supuesto desarrollo turístico puede convertirse en una vorágine que arrasa con todo lo que está a su paso. Se convierte en una oportunidad para la ganancia de unos pocos y la desgracia de muchos. El uso de casas para alquileres implica también una merma en la disponibilidad de casas que se pueden comprar. Los espacios para poder vivir aquí se reducen. Las personas se quedan sin techo y esto implica un deterioro continuo en la calidad de vida. Es un problema que se extiende a la costa y a los interiores. El derecho a permanecer, negado. La merma poblacional lo confirma.
En el 2017, luego del huracán María, cuando el fenómeno había derrumbado casi toda la casita de Ramona, unas personas derrumbaron lo poco que había sobrevivido. Ni la policía ni el gobierno intervino en defensa de la familia. Sobre este suceso, la abogada Ariadna Godreau Aubert, hizo una reflexión en un artículo para el periódico El Nuevo Día que quisiera citar aquí: “Esa destrucción física de la casa tiene una carga simbólica muy poderosa: quienes desplazan, buscan arrasar con todo, hasta con la gente. Lo que ocurrió después, cuando familia y comunidad volvieron a construir la casita, revela otra gran verdad: defender la permanencia de esta familia es una responsabilidad compartida. No debemos pasar por alto que doña Ramona vive en Playuela, un terreno preciado, una zona costera de gran interés para los desarrollos turísticos y el alquiler a corto plazo que poco tiene que ver con el derecho a la vivienda de una adulta mayor de ingresos limitados”.
Doña Ramona espera con angustia la sentencia. El Tribunal de Apelaciones de Puerto Rico confirmó una sentencia emitida el 4 de mayo de 2023 por el Tribunal de Primera Instancia, Sala Superior de Aguadilla, a través de la cual se declaró con lugar la demanda de desahucio presentada por Playa India, S.E. Un duro golpe para Ramona y su familia. “Me siento tan cansada, tan cansada”, ha dicho en varias ocasiones públicamente esta mujer tan fuerte y resiliente. Un sentimiento que no es ajeno a la mayoría de los residentes del archipiélago. Sin embargo, en el momento de esa sentencia, Jaimee Pérez Jaime, nieto de doña Ramona, se puso en acción y compartió lo sucedido en las redes sociales.
La información se viralizó y en muy poco tiempo, la familia contaba con el apoyo de la gente. Grupos como la Colectiva Feminista en Construcción y la iniciativa comunitaria Salvemos a Playuela llegaron hasta la casa de Ramona como acto de presencia y manifestación. Otras personas como el fotógrafo Sebastián Castrodad y la fotógrafa Joselyn Cortés, documentaron y compartieron esta historia de lucha y resistencia. Ya son décadas del conflicto legal, de la amenaza constante de que, en cualquier momento, tengan que abandonar su hogar. Un lugar que más que casa, es memoria histórica; un eco de cultura y herencia por el derecho de habitar esa tierra por más de 140 años junto a su familia, en armonía y conversación con la naturaleza.
Ramona dijo en algún momento, “ha sido un momento bien difícil, bien desesperante, bien triste, es como si fuera una agonía, una agonía de muerte, esperando la muerte pero que la muerte nunca llega”. Ese desasosiego lo podemos reconocer cuando no encontramos vivienda asequible, cuando los costos de los alimentos y los servicios aumentan, con la falta de personal y servicio en los hospitales y con la falta de agencia sobre nuestros recursos naturales y sobre nuestras vidas. Una incertidumbre a la que no somos ajenos los puertorriqueños y puertorriqueñas. Por medio de la vía legal y judicial se borra lo que debe ser correcto y solidario. El intento de desahucio invalida la vida de Ramona, la de sus hijos, su familia y su comunidad. La historia es la evidencia: una vida entera frente a la costa. Debemos abrirle los brazos a la gran memoria que existe sobre las arrugas, sobre la piel y sobre el pedazo de tierra frente a la costa que, por derecho del tiempo, no del hombre, le pertenece a Ramona Cruz Sanabria y su familia. Dicen que 100 años no son nada. Díganle eso al mar, a las piedras y a Ramona.
El 4 de abril de 2024, el Senado de Puerto Rico aprobó una medida para ordenar al Departamento de la Vivienda presentar en el Tribunal General de Justicia un recurso para evitar la expropiación forzosa de la tierra donde viven Ramona Cruz Sanabria, su esposo y sus hermanos por la demanda de Playa India, S.E. para desarrollar turismo. La Resolución Conjunta del Senado 492 buscaba relevar a la parte demandada de cumplir con la sentencia de desahucio y otorgarle el título de propiedad a la familia. Además, proponía ordenarle al Departamento de la Familia proveer la ayuda social justificada de conformidad a lo dispuesto en el Código de Enjuiciamiento Civil de Puerto Rico de 1933, según enmendado, mientras se dilucida el pleito de expropiación forzosa.
Esto no ha detenido los intentos judiciales y extrajudiciales para desalojar a esta familia, en una muestra clara de la desigualdad que existe entre una corporación poderosa y los recursos de una adulta mayor empobrecida que busca defender su vivienda. A finales de abril, el Tribunal Supremo volvió a fallar en contra de Ramona y su familia al decidir no intervenir nuevamente. El ente jurídico rechazó la reconsideración que Ramona solicitó para intervenir y detener la orden de desahucio emitida a favor de la compañía. Este fue el último recurso por las vías judiciales apoyados por Ayuda Legal Puerto Rico. Según una pieza en el periódico el Nuevo Día, la representante legal de Ramona argumentó que la familia es dueña de la propiedad al amparo de una disposición en el Código Civil que permite la posesión de un bien inmueble si han pasado 20 años “sin necesidad de título ni buena fe” (usucapión). Sin embargo, como todas las peticiones e intentos de la familia, este intento también ha sido ignorado.
Foto por Francisco Félix
Esta amenaza pernocta sobre la familia. Sin embargo, Ramona y su familia están listos para permanecer en su tierra a como dé lugar. La caseta donde pernocta Tito Kayak, las gallinas sobre la tierra, los perros ladrando, el mar golpeando las piedras, los pelícanos que pescan sobre el agua y nuestra sonrisa mientras apretaba el calor confirman que todos pertenecemos aquí y que tenemos el derecho a permanecer. Una sábana ondea frente a la casa de Ramona, tiene escrito bien grande “¡AQUÍ VIVE GENTE!”.
Ramona y su esposo nos confirmaron su determinación. Se quedan en su hogar. Solo buscan seguir viviendo en paz en su casita frente a la playa, como lo han hecho toda su vida. Y como la vida continúa, la gente sigue yendo a Playuela y a casa de Ramona. Buscan su bienestar y su permanencia. Se han organizado todo tipo de actividades sobre las piedras y frente al mar. El chapuzón en la playa ahora es una excusa para visitar a la familia. La voz de alerta y la defensa de esta puertorriqueña no han cesado. Hemos compartido asopaos, plenazos y abrazos. La comunidad se reúne de vez en cuando y entre todos, celebramos la vida de una puertorriqueña y su derecho a vivir en su tierra.
Nos despedimos y regresamos por la carretera hacia la ceiba. Sobre un cable del tendido eléctrico cuelga un cartel con la cara de Ramona que dice “Justicia pa Ramona”. He regresado algunas mañanas al barrio Playuela. A veces logro ver a Ramona y su esposo de camino a hacer una diligencia o a sus familiares sentados frente al mar. Más allá de la casa de la familia hay unos escalones que dan hacia una playa más cerca de Crash Boat; es un paraíso escondido por donde aparece una cueva cuando baja la marea. He contemplado la luz sobre el mar cobijado bajo esas piedras mientras imagino a la pequeña Ramona en plena libertad, el barrio Playuela lleno de árboles frutales, los pescadores navegando las aguas con tranquilidad y a las personas contemplando el mundo submarino en abundancia. Afortunadamente es una memoria que sigue viva. El mar sigue ahí. Ramona también.
Agradecemos a Ramona Cruz Sanabria y a su familia por abrirnos las puertas de su casa. También agradezco a Sebastián Castrodad Reverón por todo su apoyo. Pueden conseguir el documental sobre Ramona en https://www.youtube.com/watch?v=KB81WcJXR3s
Referencias
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(2024, 21 de febrero). Hispanic Federation publica un informe sobre el impacto de los arrendamientos a corto plazo en Puerto Rico y las soluciones impulsadas por la comunidad para atender las preocupaciones [Comunicado de prensa]. https://www.hispanicfederation.org/es/news/hispanic-federation-publica-un-informe-sobre-el-impacto-de-los-arrendamientos-a-corto-plazo-en-puerto-rico-y-las-soluciones-impulsadas-por-la-comunidad-para-atender-las-preocupaciones/
Metro Puerto Rico. (2024, 8 de abril). Senado exige a Vivienda presentar recurso para evitar desahucio de familia en Aguadilla. https://www.metro.pr/noticias/2024/04/08/senado-exige-a-vivienda-presentar-recurso-para-evitar-desahucio-de-familia-en-aguadilla/
Ibarra Vázquez, G.(2023, 12 de mayo). Tribunal Supremo cierra la puerta a escuchar argumentos contra el desahucio de Ramona Cruz Sanabria en Playuela. El Nuevo Día. https://www.pressreader.com/puerto-rico/el-nuevo-dia1/20230512/281663964353476
(s. f.). Desplazan a doña Ramona y 140 años de su historia con orden de… WAPA.tv. https://wapa.tv/noticias/locales/desplazan-a-do-a-ramona-y-140-a-os-de-su-historia-con-orden-de/article_d42317b4-f060-11ee-9375-d3904977d448.html
Rivera Clemente, Y. (2023, 8 de diciembre). Suplican reconsideración en el caso de desalojo de septuagenaria en Aguadilla. El Nuevo Día. https://periodicovision.com/suplican-reconsideracion-en-el-caso-de-desalojo-de-septuagenaria-en-aguadilla/
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Estado Libre Asociado de Puerto Rico. Tribunal de Apelaciones – Panel Especial. (2023, 12 de septiembre). KLAN202300478 – Playa India, S.E. v. Ramona Cruz Sanabria; Jacobo Pérez; Margot Cruz Sanabria; Jesús Cruz Sanabria; Departamento de la Vivienda; Secretario de Justicia [Sentencia]. https://dts.poderjudicial.pr/ta/2023/KLAN202300478-12092023.pdf
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Centro de Periodismo Investigativo. (2022, diciembre). Una pesadilla para los puertorriqueños: conseguir hogar mientras otros acaparan propiedades. https://periodismoinvestigativo.com/2022/12/una-pesadilla-para-los-puertorriquenos-conseguir-hogar-mientras-otros-acaparan-propiedades/
Encarnación Martínez, José M. (2022, 8 de agosto). La ola del desplazamiento. https://periodismoinvestigativo.com/2022/08/la-ola-del-desplazamiento/