Mayagüez, lejos de ustedes

Mamá me dice por teléfono que ande con la licencia encima por si acaso. Yo le digo que en el 2019 me hubieran llevado mientras compraba unos plátanos maduros para el desayuno o alquilaba películas pirateadas durante el covid cuando vivía en Barrio Obrero. Ella me dice que se la hubieran llevado primero porque parece haitiana. La conversación fluye bien, incluso al final de la llamada creo que sentimos orgullo por esa cercanía caribeña. Tiempos oscuros, decimos. Pienso que podría ser hasta literal. Por mi cuerpo, no me desanimo demasiado, después de todo estoy un poco acostumbrado a la persecución sutil en los supermercados, farmacias y algunas librerías. Varias veces me voltearon, por si acaso. La sospecha es una astilla incómoda en la consciencia. La piel llega antes que cualquier cosa. Pensamos en la mitad de nuestra familia. En Country Club. En los viejos que se quedarán solos. En el bachateo que hará falta cuando las fiestas se celebren más en los funerales.       

“Dios te bendiga, te amo”. -Me dijo.  

Colgamos. 

Luego vino el silencio. 

Previous
Previous

Ramona Cruz Sanabria y el derecho a vivir en paz 

Next
Next

Dedicatoria