Dedicatoria
El sol que reinó sobre
mi infancia me privó
de todo resentimiento.
Albert Camus
Saco una foto de mi primer padre sosteniéndome cuando era un bebé. Está sentado en la misma silla que ahora está abandonada en mi balcón. Viste unos zapatos marrones elegantes con medias bajo el tobillo. Lleva unos pantalones cortos blancos con líneas rosadas más arriba de las rodillas, una camiseta blanca sin mangas y una cadena de oro con dos amuletos que cuelgan de su ancho cuello. Su cuerpo ocupa exactamente el espacio de la silla, como si estuviera hecha a su medida, a diferencia mía, que apenas ocupo ese espacio que ahora está vacío. Debe tener unos treinta y tantos años. Yo no debo tener seis meses de nacido. Está sentado con una mirada distraída hacia la cámara. Me sostiene con los antebrazos. Luce un high top tan impecable como el candado en su rostro. Parezco un accesorio de lujo añadido a su estilo. Pero esto es una interpretación antipática de un hijo escribiendo en la mesa del comedor junto a un álbum de fotografías deterioradas.
Mi primer padre ahora es viejo. Tengo la edad que tenía él cuando le tomaron esta fotografía. No tengo un bebé en mis brazos, no estoy sentado en el sillón de metal y ya no me crece el pelo.
El sonido de las olas contra las piedras entra por la ventana. Me pregunto si mi padre recordará ese día en el balcón de mi abuela mientras me sostenía en sus brazos y se mecía en el sillón.
La esperanza va palideciendo con las despedidas de los años y aparece esa incertidumbre de no saber cuándo acabará tanta muerte. Por ahora estoy seguro de que el mar está cerca de mi ventana, siempre acechando y aunque insiste en silbar una melodía de caricias firmes a las rocas, las piedras no sienten nada.
Un álbum de fotografías y esta página en blanco para convencerme de que hemos sobrevivido tantas pérdidas, de que la muerte está presente lo mismo en las fotos, que en las palabras. Ya no tengo patios, ni alegrías infantiles. La plenitud parece descansar en la escasez de ciertas cosas. La muerte es una sustitución de una presencia por otra. Solo la distancia sabe lo que significa el tiempo.