Derecho al silencio en tres partes
I
Esta palabra nunca será mía. ¿Para qué escribo? Para no morir. Para no morirme.
Demasiada muerte y sin embargo, sonrío al menos una vez al día.
A eso se han reducido las victorias del presente, a sonrisas intermitentes entre tanto luto.
Estoy envejeciendo
Los cuerpos y las casas esconden el tejido de aquellas cosas que nos mantienen despiertos algunas noches. Cosas sin nombre. Tengo un dolor persistente por una inclinación natural de mi columna hacia la derecha. Me pongo incómodo para recordarme que estoy presente. Huyo de las horas que me habitan (aunque a veces, cuando estoy contigo, te amo en otro espacio dentro de nuestro cuerpo). El espejo, testigo de que las cosas pasan y sus recuerdos permanecen como migajas de pan sobre la mesa de anoche.
Ninguna victoria. Pocas palabras. El retorno es progreso si hay que bajar la colina en vez de subirla. Todavía te extraño, amigo. La incertidumbre es un purgatorio.