Esencia y Puerto Rico
El 6 y 7 de marzo de 2025 sucedieron unas vistas públicas sobre el borrador de la declaración de impacto ambiental (DIA) del proyecto “Esencia” en la casa alcaldía del municipio de Cabo Rojo. Los representantes y proponentes del proyecto presentaban sus argumentos frente a un comité examinador, mientras que distintos miembros de la comunidad caborrojeña y puertorriqueña, entre ellos expertos en temas ambientales, legales, políticos y culturales, levantaron su voz de alerta contra el impacto de este proyecto en el área de Cabo Rojo. La ponencia que más me llamó la atención fue la del economista Roberto Aragón, contratado por una de las compañías representantes de los desarrolladores, quien se valió de un análisis estadístico para justificar dicho proyecto. Su intención era demostrar que el impacto no sería “desproporcionado” para unos sectores según sus estudios basados en el censo:
Viuda en Las Salinas de Cabo Rojo.
“Lo que hemos encontrado es que no existe una comunidad especialmente vulnerable en Boquerón. Las variables específicas que hemos analizado han sido las de raza. En el censo, la raza es una variable auto identificada… En la comunidad de área de interés de Boquerón solamente el 8.1 se identificó como de raza negra o afrodescendiente. Comparado con un 3.3% en el área estadística de referencia. Pero a nivel de Puerto Rico esta cifra sube a un 10% de personas que se identifican como de raza negra o afrodescendiente. Por lo tanto, al ser este porcentaje tan pequeño en la comunidad de interés, y al ser incluso menor que el promedio para Puerto Rico pues no encontramos que este proyecto está impactando a una minoría, en este caso de raza negra en el municipio de Cabo Rojo”.
Algunos de los presentes en el público nos reímos. Supongo que debió ser esa primera reacción a ciertas palabras que nos sacuden de imprevisto. O tal vez fue el tono ridículamente monótono en que el economista leía su análisis por encima de sus espejuelos. Luego, el hombre siguió con sus planteamientos y la tarde siguió su transcurso. Los proponentes hicieron una demostración de estadísticas y los presentes hicieron sentir su indignación.
Viuda en Punta Guaniquilla, Cabo Rojo. Foto: Francisco Félix
En algún poema escribí que los chamaquitos se convertirán en estadísticas para el próximo censo. Eso lo escribí el día que me enteré que morían casi 3 chamaquitos al día en las calles. Pensando en las palabras del señor Aragón y recordando el lenguaje corporal de los representantes extranjeros y sus soplapotes boricuas en esa vista, asumí que yo también soy una estadística para el monopolio económico siempre presente. Que según los economistas pagos por desarrolladores pertenezco a un 10 % de la población y por tanto el impacto de cualquier proyecto tan voraz y fantasioso como este no será “desproporcionado”. Somos variables a analizar. Números. Eso es todo. Eso y el cuerpo. Así mismo como nos describe el genocida Cristóbal Colón en sus diarios. Buenos y frondosos cuerpos para la labor. Esas palabras de Colón me llevan a imaginarlo en la cabina de sus barcazas mientras escribía estas notas para la corona española. Un corrupto asesino envuelto en una miasma corporal, repudiado por sus compañeros de viajes y encarcelado al final de sus días. Aquí levantan estatuas con su nombre.
El proyecto Esencia parece ser un complejo residencial disfrazado de complejo turístico. Durante las vistas públicas, miembros de las comunidades, personas expertas y comprometidas, desmantelaron los engaños de la declaración de impacto ambiental utilizando los mismos criterios y herramientas legales caducas y ambiguas que usa el Estado y sus compradores. Y, sin embargo, siempre existe la posibilidad que gane el dinero y los grandes intereses del capital extranjero. Entre la comedia y la tragedia se repiten los cascos urbanos abandonados, los feminicidios como ejercicio cultural, el disparo como lenguaje prometido, la espera de hospitales en quiebra y una dignidad completamente agotada. Mientras, se proponen fantasías con escuelas privadas, centros comerciales y campos de golf.
Este ejercicio inútil de escribir y tirar fotos para contemplar los atardeceres que alguna vez pensé, siempre serían prometidos. Tal vez no están cayendo bombas del cielo (todavía). Pero las ruinas frente a la costa son la evidencia del ataque. Los muertos, por su parte, habitarán la memoria de todos los fracasos.
Punta Guaniquilla, Cabo Rojo. Foto por Francisco Félix