Con llanto de cocodrilo (Elefanta, 2025) y Los nidos (Riel, 2025): breve reflexión
“La historia nos cuenta lo que le pasó a la gente; la ficción nos habla de lo que sintieron. Y es importante saber eso. Hablo como escritora y como lectora. Yo leo historia, pero lo que permanece en mí es siempre la novela sobre ese periodo histórico. Supongo que es porque la ficción se aproxima más a la vida. Además, las historias pueden cambiarte a ti, pueden cambiar a la gente”.
— Chimamanda Ngozi Adichie
Aura tiñosa en Cabo Rojo.
Puerto Rico, a mis ojos, se ha convertido en un paraíso fragmentado. Mis paseos sobre el cemento me remiten a las fotos viejas guardadas en los estantes de nuestras madres: imágenes que apenas han recibido la mirada detenida de la nostalgia y la tristeza. La memoria —ya lo había dicho el escritor cubano Pedro Juan Gutiérrez— es “un cuarto de luz amarilla”. Pero cuidado: leer cartas viejas (o, en este caso, mirar fotos viejas) puede convertirse en un encuentro con las mentiras del presente. Todas esas promesas que la esperanza y las sonrisas nos ofrecieron acaban revelándose como una trampa de nuestra propia arrogancia. El tiempo no nos pertenece.
No quiero, sin embargo, seguir hablando en este escrito del Puerto Rico que aparece en el cristal del carro, en las diligencias burocráticas o en las publicaciones de senderismo en las redes sociales. Quiero hablar de los archipiélagos que la ficción y la maestría de la palabra les permitieron crear a lxs escritores puertorriqueñxs Xavier Valcárcel y Melanie Pérez Ortiz.
Escribo esta reseña desde el desespero, el miedo y la confusión; desde una coyuntura histórica que recrudece la crueldad de vivir en una colonia y de ser un sujeto colonial subyugado a los caprichos del poder político, el capital ausentista y el gaslighting existencial. Y es que la literatura de estas novelas —cada una desde su trinchera narrativa— constituye un ejercicio máximo de expresión verbal. Ambas logran tejer universos alternativos frente a un presente que nos acecha sin descanso.
La novela Los nidos (Riel, 2025), del también poeta Xavier Valcárcel, se sitúa en un Puerto Rico de los primeros años del siglo pasado. Valcárcel narra una historia sobre la migración, el exilio, la amistad, el color de la piel y el amor, todo ello desde una maestría poética capaz de pintar —artista al fin— un paisaje tan bello como debió haber sido el Puerto Rico que construye a lo largo de sus capítulos. Yo la llamaría una peregrinación en la que también habitan la violencia y el abandono. Lo que me ata a esta historia es la forma en que el poder de la belleza puede convertirse en un pincel tan brutal como un veloz golpe de plomo.
Sobre los aspectos históricos de Los nidos que atienden el tema de la migración, la importancia de México en este proceso y la errancia (término utilizado por Steven Oquendo López) del protagonista, recomiendo la lograda reseña de Rodney Lebrón Rivera en El Roommate: colectivo de lectores. En ella se aborda, además, un aspecto fundamental que Lebrón señala con precisión:
“La novela se inscribe, así, en ese paisaje, revelando con sutileza cómo los cuerpos disidentes se movían, se ocultaban, gozaban y sufrían dentro de un territorio que aún buscaba designarse”.
Nido de pitirre en Cabachuelas, Puerto Rico.
Me atrevo a decir que mi impresión se quedó varada en los cuerpos de los protagonistas. Si lxs lectores ya reconocen el cañón poético que el autor maneja en su literatura, no nos debería sorprender la ternura, la desesperación y el trazo con que el narrador construye el amor que existe entre los amigos —y los amantes, que a veces pueden ser lo mismo—. Este vínculo resulta fundamental para mí: la libertad y la complicidad funcionan como bálsamos que atemperan las heridas de una sociedad que reprime, persigue y castiga. Ya lo he dicho antes: solo quienes no han sentido su lugar de pertenencia en un abrazo pueden levantar muros entre nuestras pieles y el amor.
Los nidos, eventualmente, quedan vacíos. Es la ley natural de lo que nace: abandonar y morir. Y si logramos regresar a ese lugar de origen, nos encontraremos con la futilidad que a veces encierra la nostalgia frente al peso de la realidad: “Pero todo había cambiado. Cambió el cauce del río y del agua, cambiaron las tierras altas y bajas, el pueblo, el país, ella, la madre de Hilario, incluso él” (149). Es precisamente esa transformación total la que convierte a esta novela en un refugio literario para quienes buscamos reimaginar un Puerto Rico distinto.
Al igual que Steven Oquendo López en su reseña para el periódico Claridad, aprovecho esta reflexión sobre el texto de Valcárcel para hablar sobre la novela Con llanto de cocodrilo (Elefanta, 2025), de la profesora y poeta Melanie Pérez Ortiz. Esta historia se centra en el Puerto Rico del presente: un entorno sociopolítico malogrado donde imperan la corrupción, el engaño y una suerte de resignación colectiva. No faltan el humor ni el cinismo; después de todo, a veces son la única manera de aligerar el peso de un país que parece tirado a pérdida. La protagonista —al igual que los personajes de Valcárcel— se mueve entre geografías, lo suficiente para reconocer las distancias que existen entre los mundos existentes y los mundos posibles.
Un juego de sombras, un secreto a voces —como lo es la corrupción— y un entramado asfixiante conforman los acontecimientos de esta novela; es un campo de enredaderas que la protagonista intentará desenmascarar mientras reconoce los motores que impulsan sus decisiones. Confieso que me enamoré de la libertad con la que este personaje se desplaza dentro de ese entramado. Tal vez sea la madurez o las pastillas de sangre de cocodrilo las que convierten a esta mujer —sin nombre— en un animal adaptado a la selva tropical de edificios y a una lluvia que no deja de caer sobre el país.
La protagonista las gana todas como sea: arrastrándose, callando, observando, dejando que su experiencia y su cuerpo hagan lo que saben hacer mejor —sobrevivir y, por qué no, vivir bien también—. En este sentido, me adscribo a las palabras de la escritora puertorriqueña Mayra Santos Febres, quien ha llamado esta novela “un thriller feminista”.
Tormenta estacionada en las orillas de la Bahía Salinas en Cabo Rojo.
Retomo aquí la cita inicial sobre la ficción y el poder que Chimamanda Ngozi le adjudica a la experiencia lectora. La historia y el relato importan, pero lo fundamental es aquello que sentimos, porque lo que nos toca, nos transforma. Es en ese ejercicio de lectura donde un mundo alterno se presenta como posible. En Con llanto de cocodrilo no hay utopías ni ramas de olivo para conciliar la aplastante presencia de los grandes intereses económicos y políticos; sin embargo, sí existe una agencia del cuerpo y de la imaginación que permite pensar otras formas de navegar la derrota y lo inevitable.
“Hay que padecer con ritmo”, dirá Jean-Paul Sartre en La náusea. Y en el Caribe sabemos muy bien cómo movernos, incluso cuando estamos condenados a la orilla del mar.
El deseo es también el motor que impulsa a los personajes de estas dos novelas. Ya sea para entregarse a él, contemplarlo o rechazarlo, esta fuerza encierra un fundamento necesario para un triunfo simbólico: el autoconocimiento.
La protagonista de la novela de Pérez Ortiz sabe lo que da, sabe lo que quiere y, muchas veces, sabe cómo conseguirlo. Los personajes de Los nidos también actúan desde el deseo y, a través de él, logran triunfar sobre la represión y la censura. El gozo y la entrega se convierten en balsas contra la muerte.
Reconocer el peligro y el acecho y, aun así, lanzarse al abismo, sabiendo que el fin espera en el suelo. En este sentido, la literatura que estos escritores nos entregan funciona para conciliar el desastre del presente, uno en el que parecemos retroceder cada día frente a la posibilidad de un mundo más justo y menos cruel. Pérez Ortiz resume con claridad este sentimiento de derrota:
“El vacío es ausencia de dolor, de sufrimiento, de injusticia, de desfachatez que duele casi más que las faltas de honradez que uno puede esperar de la gente. Si uno se olvida de las grandes tramas puede experimentar la felicidad al observar las estrellas o sentir el aroma de la flor del Ilán Ilán cuando entra por la ventana. Olvidarse de todo es la clave para poder sonreír de vez en cuando” (189).
Si es posible olvidarse de esas grandes tramas, no lo sé. Pero sí me atrevo a apostar por la inmersión en la ficción de estas dos novelas que apuestan a otra cosa, a otros Puerto Rico. Uno que surge de un trabajo de investigación exhaustivo que recupera lo que fue nuestro archipiélago en otro siglo, aunque las heridas de la homofobia y la violencia no hayan sanado; el otro se asemeja peligrosamente al presente, pero confía en el cuero duro de los cocodrilos, diseñados para resistir el peso del agua.
Cangrejo en las raíces de un mangle en Pozuelo, Guayama.
Ambos archipiélagos dialogan con otros movimientos caribeños y, en un momento en que los buques, las sanciones y el autoritarismo aprietan las tuercas de la palanca colonial, qué mejor manera de acercarnos a nuestros vecinos geográficos que a través de la mente, el cuerpo y la imaginación de nuestrxs escritorxs.
Tal vez debamos aprender de las especies que aparecen en estas novelas; abrazar nuestros instintos y construir una vida a partir de nuestra tierra, borrando los límites de ese mar encierro que condenó a escritores como Virgilio Piñera a la mesa del café. Mientras tanto… leamos.
Las reseñas mencionadas en esta reflexión aparecen en los siguientes enlaces:
Rodney Lebrón Rivera reseña la novela ‘Los Nidos’ de Xavier Valcárcel (Puerto Rico):
Yamary Sánchez Manso, Sobre “Los nidos” de Xavier Valcárcel:
https://yamarysanchezmanso.substack.com/p/sobre-los-nidos-de-xavier-valcarcel
Steven Oquendo López, Animalidad, desarraigo y vuelo: La errancia como afirmación de la vida en “Con llanto de cocodrilo” y “Los nidos”:
https://claridadpuertorico.com/animalidad-desarraigo-y-vuelo-la-errancia-como-afirmacion-de-la-vida-en-con-llanto-de-cocodrilo-y-los-nidos/
Víctor Ramos Rosado, A vuelo de pájaro, Xavier Valcárcel describe el paisaje de un Puerto Rico desconocido:
https://www.pressreader.com/puerto-rico/el-nuevo-dia1/20251123/281681146167945